No recuerdo haber tenido un despertar tan tenso, como aquella mañana del 26 de Agosto de 1997. Ni siquiera había podido dormir y sólo tenía en mente la oración que, 5 horas antes, había rezado 9 veces.Me puse el uniforme encima, me despedí de mis padres y como una película en cámara lenta, me dirigí a la escuela. En el camino, no hacía más que pensar en lo que me esperaba unas horas después... lo haré bien?, pensaba. ¿Cuánta gente irá? e imaginaba una multitud.
Llegué a la escuela, saludé a mis compañeros, ví a mi maestra y sólo me dijo: "Estás listo?". Asentí con la cabeza.
Luego, las horas pasaron tan rápido, que en mi mente no tengo recuerdo de nada. Es como si hubiera borrado un lapso de aquel día.... y de pronto, me encontraba ya en el momento que había hecho tan tenso mi despertar.
Estaba en el lugar donde se desarrollaría el I Concurso Interescolar de Oratoria... un concurso importante, al que mi escuela había sido invitada con 4 días de anticipación. Sí, sólo 4 días. Apenas llegó la invitación, una junta de profesores inició la evaluación de los alumnos que representarían a la escuela en aquel concurso, que prometía convertirse en un clásico escolar de la ciudad. Entre los seleccionados estuve yo en primer lugar y un amigo de otro grado.
Y así, habiendo sido seleccionado, me encontraba en el momento preciso en el que debía demostrar porqué esos profesores habían decidido confiar en mí.
Mucha gente, muchos padres, muchos profesores.... muchos concursantes!! 60 en total, tenía que enfrentarme a 59 alumnos de la ciudad y tratar de salir airoso. Y lo que es peor... yo era el último concursante!!! El último.... tendrán ganas de escucharme los miembros del jurado??? Era lógico pensar que, siendo el último, no se tomarían el tiempo de escucharme con atención y calificarme con precisión. No me agradaba estar en esa posición, pues hacía que mis nervios aumentaran. La tensión creció a mil.
Qué nervios!! Uno a uno iban desfilando los concursantes en el escenario... y yo, cual experto jurado, los iba a calificando, asignándoles puntos o restándoselos. Criticando sus defectos y aprendiendo sus virtudes... sin dejar de pensar en el texto que desde hacía 3 días había preparado para el concurso.
3 días!!! ¿Se imaginan lo que significa para un estudiante de 15 años investigar, leer, escribir y preparar un texto de 4 hojas, sobre la vida de un héroe nacional, para presentarlo en un concurso tan competitivo, teniendo sólo 3 días de anticipación?
Tuve un día para reunir libros, textos, folletos, diarios, revistas, todo lo que tuviera relación con Ramón Castilla, el héroe en mención. Otro día para clasificar la información, leer y preparar el texto. Y el último día para estudiarlo, preparar mi postura y voz y definir las armas con las que me enfrentaría en esta guerra!!
Y ahí estaba yo, aguardando el momento de entrar en escena, con los nervios que cubrían cada uno de mis poros. Mientras pasaban los minutos, me era imposible escuchar lo que había a mi alrededor, a veces me sentía perdido, distraído, ciego... hasta que.... llamaron al concursante Nº 60!! Era yo!!
Me paré de donde estaba, caminé hacia mi posición final en el escenario y mirando lentamente hacia el público, respiré profundamente y empecé mi dicción.
Una a una iba pronunciando las palabras, con firmeza y seguridad, como si la vida de aquel héroe hubiera sido escrita por mi pluma, como si fuera yo el encargado oficial de redactar la biografía de aquel magno personaje.
Y finalmente, expresé mi profunda admiración hacia aquel peruano que es considerado uno de los mejores presidentes que tuvo el país. Dí las gracias, miré a todos y bajé del escenario.
Lo habré hecho bien? Por qué esos señores de allá me miran como si mi participación hubiera sido insignificante? Cometí muchos errores seguro!!! , era lo que pensaba.
Nuevamente los nervios se apoderaron de mí y mientras me dirigía a tomar asiento para esperar los resultados, mis piernas temblaban como palmeras en pleno huracán.
Los minutos pasaban y todos estábamos ansiosos por conocer los resultados. ¿Quién ganará?, pensaba mientras dejaba a mis dedos desprovistos de uñas!!
Hasta que el momento llegó... los organizadores y miembros del jurado, ubicados en el centro del escenario, hicieron el llamado a los concursantes que habían ocupado los 3 primeros lugares.
Llamaron a la tercera, una chica que lo había hecho bien, aunque pudo haber ganado otro por ahí. Ni en tercer lugar puedo quedar? No sean malos, lo hice mejor que esa muchacha, pensé.
Llamaron al segundo y mis esperanzas quedaron truncas. En segundo lugar quedó aquel muchacho que representó a mi escuela junto conmigo... y que, hasta ese momento, de tantos nervios, no había mirado más que cuando estuvo en el escenario. Lo hizo muy bien, ganó merecidamente y lo aplaudí con muchas ganas, mientras por dentro había terminado todo para mí. Ha sido una buena experiencia, pensaba, pude trabajar bajo presión y construir un texto en poco tiempo. Le puse fuerza, empeño y realmente disfruté haciéndolo. No tuve el apoyo de nadie, lo hice solo y cumplí con hacer algo presentable. Me voy tranquilo!!. Mi mente era un cúmulo de pensamientos de aliento, lo necesitaba... nadie más que yo para darme fuerza.
Ya sólo esperaba el momento de ponerme de pie y regresar a casa... y tratar de descansar un poco. Estaba agotado... quería ver a mi madre y decirle que ya todo había pasado........... cuando de pronto escuché mi nombre. Mi nombre... sí, estaban mencionando mi nombre como ganador del concurso. Yo??, sí... de pronto, todas las miradas se dirigieron a mí y me invitaban a subir al escenario y recibir el premio.
¡Qué emoción! Tanto esfuerzo (e igual intensidad de oraciones) había dado resultado. Me declararon ganador absoluto y con ello, renovaron mis ganas por pensar positivamente hasta el final.
Grandioso día, con un inicio tenso y un final soñado!!!
Un día como hoy, hace 10 años... bajo el sol... gané un gran concurso. Un concurso que recuerdo con tanta pasión... con la misma pasión con la que quiero contárselo a todos!!


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